Sonríe, eres una mujer bendecida

Toda la alabanza sea para Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales en los lugares celestiales, porque estamos unidos a Cristo (Efesios 1:3).


Sí, somos un pueblo bendecido por Dios, no importa si vivimos en China, en Rusia, en Estados Unidos,  México, Brasil o la India. PERO no perdamos de vista algo, aunque Dios sí tiene para su pueblo promesas de provisión, Efesios 1:3 nos deja claro que en la agenda de Dios las bendiciones espirituales ocupan el primer lugar. Este pasaje en el original griego hace referencia a aquello que viene del Espíritu Santo, es decir, son bendiciones del reino espiritual, y es a esas a las que nosotras más debemos aspirar. 

Quiero que nos hagamos hoy un llamado porque este mundo como sirena mitológica nos quiere atraer a que persigamos incansablemente lo que él nos ofrece y se nos olvida que todo lo que este mundo ofrece perece, es un tesoro efímero, como dice Mateo 6:19. Tú eres una mujer ya bendecida, reprograma tu cerebro. No depende de la cantidad de dinero que haya en tu cuenta, ni del tamaño de tu casa ni de las marcas de ropa que se encuentren en tu armario. Has sido bendecida con toda bendición espiritual; algo que aun cuando ya no estés en este mundo te acompañará. Honestamente pienso que si viviéramos con esa verdad en mente, la entendiéramos e interiorizáramos, seríamos mucho más felices y más útiles en el reino de Dios, porque nuestra meta estaría puesta en acumular tesoros celestiales.

Una segunda verdad encerrada en el capítulo 1 de Efesios es esta: Tú y yo somos parte de la familia de Dios, por medio de Jesucristo. No importa lo que digan tu certificado de nacimiento, ni tu pasaporte. No importa que tu familia terrenal te haya desechado o que te hayan dicho que fuiste un “accidente”, mira Efesios 1:5:
Dios decidió de antemano adoptarnos como miembros de su familia al acercarnos a sí mismo por medio de Jesucristo.
Pertenecemos a una familia de la realeza divina donde hemos sido adoptadas, no por nuestros méritos, no hay nada que podamos hacer para llegar ahí, fue simplemente porque Dios lo dispuso así, y para eso envió a Jesús.

La tercera verdad de estos primeros versículos es la siguiente: la salvación no se trata de ti ni de mí, en su sentido más esencial, es un plan generado en el corazón de Dios para dar gloria a su nombre

Lee los versículos 4-6, 12, 14. La Biblia no es un libro sobre nosotros, es el libro de Dios, donde él se nos revela. La salvación es para llevarnos de vuelta a la relación que se perdió con Dios en Edén, pero fue idea de él y es él quien merece el mérito. Lo que Dios nos enseña en su Palabra es para que entendamos sus estándares y cuánto necesitamos de su gracia y misericordia para ser salvos, no para que los acomodemos ni creamos que es un libro de fórmulas mágicas para vivir bien y hacernos millonarios. Sí, Dios nos ama de una manera tan extraordinaria que está fuera del alcance de la mente humana, pero no olvides que se trata de él, no de nosotros. No estamos aquí para alcanzar lauros, estamos aquí para alabanza de su gloria.

Y la última verdad que quiero dejarte: tenemos una herencia garantizada. Aquí en la Tierra Dios nos dejó la garantía y esa garantía es su Espíritu Santo. Lee conmigo:
El Espíritu es la garantía que tenemos de parte de Dios de que nos dará la herencia que nos prometió y de que nos ha comprado para que seamos su pueblo (v. 14).
La palabra en el griego original es arrhabon, de donde viene nuestra palabra “arras” y la idea es justo eso, un pago inicial, un depósito que garantiza que la cantidad completa se pagará. ¿Dónde se “pagará” el resto? En nuestra redención final. ¿No te resulta maravilloso? La presencia del Espíritu Santo en nuestra vida no solo es una marca de que la misma presencia de Dios vive en nosotros sino que nos garantiza que lo mejor está todavía por llegar. Sí, quizá tus padres te hayan dejado una gran herencia, o tal vez no, de cualquier modo, Dios te promete una herencia incomparable de la que ya estás disfrutando un adelanto. ¡No lo perdamos de vista!

Somos un pueblo bendecido de manera sobrenatural, con bendiciones celestiales que sobrepasan a toda bendición que podamos recibir de este lado de la eternidad. Eres parte de la familia de Dios, porque él así lo decidió por medio de Jesús. Tienes un lugar en su mesa pero mientras tanto, no olvidemos que nuestro propósito en este planeta es para alabanza y gloria de Dios. Y por último, recuerda que tienes una herencia aguardándote, y está garantizada. Cuando estas verdades se arraiguen en nuestro corazón, habremos dado un gran paso para vivir en la luz de Cristo. 

¡Sonríe, eres una mujer bendecida!

Wendy

(Este artículo forma parte del estudio "Vivir en la luz", basado en la carta de Pablo a los Efesios, disponible con tu suscripción al blog.)

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Comentarios

  1. Gracias por tan profunda palabra, a veces estamos tan ensimismados con nuestras problemáticas, que olvidamos agradecer nuestra razón de ser y hacer. Fieles al Reino de Dios, heme aquí

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  2. Muy lindo Mensaje me gusto mucho...Gracias por Compartir.Bendiciones

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