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Mostrando entradas de septiembre, 2016

¿Estás "ganando" en tu carrera?

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Algunos han comparado la vida con una carrera. Y en cierto modo tienen razón. Corremos todo el tiempo.
Corremos porque las 24 horas no nos parecen suficientes para todo lo que queremos hacer. Corremos porque queremos llegar pronto a nuestro destino, ya sea al supermercado o un logro profesional. Corremos porque nos parece que solo así estaremos a tono con el ajetreo indetenible del mundo que nos rodea. Corremos.

Resulta que la comparación de la vida con una carrera es mucho más vieja de lo que creemos. Allá por el primer siglo de esta era el apóstol Pablo hizo la misma comparación. Creo que en parte porque estaba escribiendo a griegos y estos entenderían muy bien la analogía. A fin de cuentas ellos fueron la cultura que dio origen a las olimpiadas.
Y estaba yo pensando en mi semana, en todo lo que quiero y/o tengo que hacer, en cómo administrar mejor el tiempo… (otra vez corriendo contra el reloj), cuando estas palabras de Pablo captaron mi atención: ¡Así que corran para ganar! Todos lo…

Mamá imperfecta, ¡y está bien!

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Estoy segura de que cuando pasen los años y mire hacia atrás, habrá muchas cosas que quisiera haber hecho diferente como madre. ¿Será porque no puse todo mi empeño, o porque no di prioridad a este rol, o porque no leí suficientes libros sobre la maternidad a la manera de Dios? Creo que no. La respuesta es mucho más sencilla: simplemente porque soy humana y por mucho que me esfuerce nunca seré perfecta. Por lo tanto, en mi función de mamá, como en todas las demás, cometeré errores.

No hay manera de ser la súper mamá que tú y yo quisiéramos. Si brillamos en una cosa, es muy probable que fallemos en otra. Necesitamos aferrarnos cada día a la gracia de Dios si no queremos ser madres frustradas. Necesitamos entender la misericordia que el Padre nos muestra, incondicional, para no flagelarnos constantemente por los errores que a veces nos hacen quedarnos despiertas en medio de la noche.
Sí, es bueno que aprendamos de los errores, es excelente prepararnos hasta donde sea posible y maravillos…

¿A quién me parezco más?

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Casi siempre cuando alguien conoce a mis hijos por primera vez me dice: “la niña se parece mucho a su papá, y el varón se parece más a ti”. No obstante, siempre hay quien dice lo contrario.
En mi familia varios me han dicho que camino igual a una de mis bisabuelas, a la que no conocí. Mi esposo, por su parte, camina igualito a su papá.

La realidad es que la genética juega un papel increíble cuando de parecidos se trata. Sin embargo, hay muchas cosas más que influyen en aquello que somos. El ambiente en que crecemos, por ejemplo, juega un papel crucial.
Recuerdo que de niña escuché muchas veces esta frase: “lo malo se aprende rápido” o “los malos hábitos se pegan enseguida”. Y, con el paso de los años, he llegado a la conclusión de que así es. Pero lo opuesto también sucede. Cuando pasamos tiempo con una persona que ríe mucho, el sentido del humor un tanto que se nos despierta. En cambio, si compartimos más con alguien gruñón y enojadizo… ¡ya sabemos la respuesta! No por gusto la Biblia…

Esta semana puede ser mejor que la anterior

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Cada semana es algo así como el capítulo siguiente de un libro que en gran parte nosotros estamos escribiendo. Y como toda página en blanco, tenemos opciones a la hora de decidir qué escribir en ella.

Para vivir una nueva semana, también tengo varias opciones, pero tal vez deba comenzar por recordar que no podré controlar muchas de las cosas que sucederán. Sin embargo, podré controlar mi actitud porque Dios nos ha dado un espíritu de dominio propio(2 Timoteo 1:7)
En la nueva semana que comienza puedo planificar y programar los días pero no sin antes ponerlos en manos de Dios pues podemos hacer nuestros planes, pero el Señor determina nuestros pasos. (Proverbios 16:9)
Entre las maneras de vivir la nueva semana puedo dejar que las circunstancias determinen mi estado de ánimo o puedo escoger el gozo que viene de Dios, porque en él está mi fortaleza. (Nehemías 8:10, Salmos 46:1)
Puedo quejarme o puedo alabar, así que escojo alabar porque cuando alabamos nuestros ojos se quitan del problem…

No dejes pasar un día más sin hacer "esto" (¡y te comparto noticias!)

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Quizá estén guardados por ahí, en alguna caja, en casa de mi mamá... Mis viejos escritos, los que hice de niña. Siempre me gustó.

Aprendí a escribir a máquina para que mis escritos quedaran plasmados en blanco y negro. Sí, cuando era niña todavía la máquina de escribir era un objeto común y corriente.  Y en casa de mis abuelos había dos.

Mi tarea favorita en la escuela era cuando nos mandaban a escribir “composiciones”, sobre todo si el tema era libre.
En la adolescencia escribí poemas… ¡como muchas! Pero la poesía nunca ha sido mi fuerte ni la manera en que me gusta expresarme más.
Después dejé de escribir. Cero. Nada… excepto en las páginas de mi diario.
Si hace un tiempo que lees este blog quizá ya lo sabes. Fue un día de enero del año 2011 que Dios me dio un fuerte “empujoncito” y empecé a escribir aquí.
¿Quieres saber algo más? ¡Cuánto le agradezco que lo haya hecho! Ahora entiendo que por eso aprendí a escribir a máquina cuando era niña, por eso me gustaba y me gusta tanto leer, por …

De decepciones y monumentos de gracia

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Decepciones. Todos las sufrimos. También las causamos. A todo nos afectan. Pero tres en una semana me parecía mucho… demasiado. Las emociones todas mezcladas. Enojo. Frustración. Tristeza. Y todas luchando por abrirse paso y salir gritando. Cada una más fuerte que la otra.

Jesús, dame tu perspectiva porque si no, sé que puedo terminar mal. Sé que puedo empañar mi corazón.


Quizá tú también has estado ahí. O estás ahora mismo.
¿Qué hacemos con las decepciones? ¿Cómo las procesamos? 

De nada vale esconderlas o tratar de disfrazarlas porque en algún momento sacarán las narices. Podemos conversarlas y eso suele mejorarnos. Es necesario si hay seres queridos involucrados. Pero no es suficiente. A veces el dolor de la decepción sigue ahí. En ocasiones yo las escribo, como ya seguro te diste cuenta. Me ayuda. Pero tampoco es suficiente.
¿Sabes lo único que ha sido suficiente para mí? Procesarlas con Jesús. Sí, pedirle su perspectiva. No quiero que suene simplista. Pero esa fórmula es lo único qu…

Para cuando ser mamá duele

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Esto que te comparto hoy sucedió hace unos años ya, pero creo que la lección es válida para cualquier tiempo.

Tal vez sea porque los niños están de vacaciones, o porque a veces las hormonas nos ponen más pensativas que de costumbre, pero he estado pensando mucho en mi rol de mamá...y me di cuenta de algo, a veces duele.



Hace unos días tuve que aplicar algo de lo que a menudo hablamos pero que nos cuesta: la disciplina. Y aunque trato de explicar a mis hijos que independientemente de que lo entiendan o no, es para su bien, a mí también me duele. Pero muchas veces lo que nos duele, es necesario. Algo así como las vacunas o las medicinas.

El carácter verdadero no se forma sin disciplina. Quizá esa sea la razón por la cual veamos tanta falta de carácter e integridad en estos tiempos, nadie quiere la disciplina. Unos alegan que crea rebeldía. Otros votan por métodos, en su opinión, más pacíficos y convincentes…evidentemente muy poco eficaces dado lo que vemos a nuestro alrededor. ¿El resulta…

Haz una pausa y aprende este secreto para vivir en el diseño de Dios

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Disfruta los pequeños momentos. Eso es algo que estoy repitiéndome mucho a mí misma últimamente. No sé si tiene que ver con la edad o qué pero estoy incorporando ese lema a mi vida.
En el mundo que nos ha tocado todo parece ir rápido y sin darnos cuenta nos vamos sumando a esa carrera agitada, nos perdemos los pequeños momentos, las pequeñas cosas. Hoy quiero exhortarte a respirar y disfrutar los pequeños momentos que Dios nos regala, las cosas simples.


Mis hijos solo tendrán esta edad una vez. Por eso el otro día, a pesar de que estaba bajo una enorme presión de trabajo y tenía que terminar ese proyecto , cuando me pidieron: “Mami, ven para aquí con nosotros”, los miré y decidí que debía disfrutar el momento. Me levanté de mi silla frente a la computadora y me acosté junto a ellos en el sofá. Nos reímos, los abracé, los besé. Jugamos. Fueron breves instantes, pero los disfruté y ese recuerdo se quedará para siempre conmigo. Disfrutar el momento.
Disfruta las pequeñas cosas. Esta es la é…