Las promesas de Dios

Vivimos en un mundo de promesas….incumplidas.

Los vendedores prometen ofertas que no son reales. 

Las dietas prometen hacer bajar libras como por arte de magia, y no se cumple. 

La televisión anuncia artículos que prometen ser “eternos”, “infalibles”, etc. Irreal.

Los políticos prometen resolver todos los problemas, cambiar lo que no funciona, y mucho más. Pasan los años y todo sigue igual.

Los esposos se prometen fidelidad el día de la boda, permanecer juntos en buenas y malas. Y después echan por tierra las promesas al firmar un divorcio.


La lista pudiera continuar. Todos hemos recibido, o hecho, promesas que no se han cumplido. Solo Dios es absolutamente fiel en cumplir sus promesas, no importa qué esté sucediendo en este mundo caído y corrupto.  Y lo mejor es que él nos ha hecho partícipes de esas promesas: 

Mediante su divino poder, Dios nos ha dado todo lo que necesitamos
 para llevar una vida de rectitud. Todo esto lo recibimos al llegar a conocer a aquel 
que nos llamó por medio de su maravillosa gloria y excelencia;   
y debido a su gloria y excelencia, nos ha dado grandes y preciosas promesas.
 (2 Pedro 1:3-4)

¿Qué se supone entonces que hagamos con las promesas de Dios? Usarlas como usaríamos la garantía en una transacción financiera o comercial. Las promesas son la garantía que Dios nos da, su palabra de cumplir con su parte del pacto: de vida eterna, de protección, de provisión, de fortaleza, etc. Cuando oramos y usamos las promesas como esa garantía, estamos confiando en que Dios, que prometió, cumplirá, porque él es fiel.  Y cuando confiamos en Dios, le agradamos.

¿Alguna vez habías pensado en darle gracias a Dios por sus promesas? ¿Qué tal si empezamos hoy?

Estamos en la tercera semana del "Desafío a dar gracias 2016", porque ofrecer gratitud a Dios es honrarle (salmos 50:23).

Bendiciones,

Wendy

Acabas de leer "Las promesas de Dios ", ¡te invito a dejar tu comentario 

Comentarios