lunes, 21 de noviembre de 2016

Las promesas de Dios

Vivimos en un mundo de promesas….incumplidas.

Los vendedores prometen ofertas que no son reales. 

Las dietas prometen hacer bajar libras como por arte de magia, y no se cumple. 

La televisión anuncia artículos que prometen ser “eternos”, “infalibles”, etc. Irreal.

Los políticos prometen resolver todos los problemas, cambiar lo que no funciona, y mucho más. Pasan los años y todo sigue igual.

Los esposos se prometen fidelidad el día de la boda, permanecer juntos en buenas y malas. Y después echan por tierra las promesas al firmar un divorcio.


La lista pudiera continuar. Todos hemos recibido, o hecho, promesas que no se han cumplido. Solo Dios es absolutamente fiel en cumplir sus promesas, no importa qué esté sucediendo en este mundo caído y corrupto.  Y lo mejor es que él nos ha hecho partícipes de esas promesas: 

Mediante su divino poder, Dios nos ha dado todo lo que necesitamos
 para llevar una vida de rectitud. Todo esto lo recibimos al llegar a conocer a aquel 
que nos llamó por medio de su maravillosa gloria y excelencia;   
y debido a su gloria y excelencia, nos ha dado grandes y preciosas promesas.
 (2 Pedro 1:3-4)

¿Qué se supone entonces que hagamos con las promesas de Dios? Usarlas como usaríamos la garantía en una transacción financiera o comercial. Las promesas son la garantía que Dios nos da, su palabra de cumplir con su parte del pacto: de vida eterna, de protección, de provisión, de fortaleza, etc. Cuando oramos y usamos las promesas como esa garantía, estamos confiando en que Dios, que prometió, cumplirá, porque él es fiel.  Y cuando confiamos en Dios, le agradamos.

¿Alguna vez habías pensado en darle gracias a Dios por sus promesas? ¿Qué tal si empezamos hoy?

Estamos en la tercera semana del "Desafío a dar gracias 2016", porque ofrecer gratitud a Dios es honrarle (salmos 50:23).

Bendiciones,

Wendy

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