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Mostrando entradas de marzo, 2017

Pruebas divinas de estrés

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Hace unos años mi papá tuvo un infarto cardiaco que casi le cuesta la vida. Gracias a Dios hoy está completamente recuperado y saludable. Sin embargo, cada cierto tiempo sus médicos lo chequean y parte de ese chequeo es la llamada prueba de esfuerzo o de estrés, como muchos la conocen. 
Si no estás familiarizada con el proceso, se hace en una máquina de correr estática (caminadora) y el objetivo es determinar cuánto estrés o esfuerzo puede soportar el corazón antes de desarrollar un ritmo anormal o que aparezcan muestras de que no está llegando sangre suficiente al músculo cardiaco…y hasta aquí la clase de medicina, ¿verdad?


Bueno, me puse a pensar que a nivel espiritual nos sucede lo mismo. Dios nos va sometiendo a “pruebas divinas de estrés” cada cierto tiempo, para ver cuán fuerte está nuestro corazón/espíritu.  Mira lo que nos dice al comienzo de su carta el apóstol Santiago:  “Hermanos míos, considérense muy dichosos cuando tengan que enfrentarse con diversas pruebas, pues ya saben…

El monstruo verde

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El monstruo verde se muda sin avisar. Sin pedir permiso se acomoda y empieza a reclamar como suyo el territorio ajeno. El monstruo verde no hace distinción de edad, sexo, profesión, nivel educacional ni estatus social. El monstruo verde es sutil y persuasivo. No tiene rostro pero su voz es clara e insistente. 




¿Y quién no lo conoce? Es tan viejo como el mundo. Tanto así que fue el autor del primer asesinato registrado en la historia. El monstruo verde tiene un nombre que lucha por enmascararse: envidia. Tú y yo lo conocemos también."Si yo tuviera ese trabajo.....", "si ganara tanto dinero como ________", "si tuviera la casa de _____", "si mis hijos fueran como _______", "si yo usara la talla de ________", "si yo hablara como _______", "si fuera tan bonita como ______"... Y la lista puede seguir interminablemente porque el monstruo verde no tiene fin, si lo dejamos.
Podemos justificar este sentimiento de mil maneras, pe…

"El saco", porque hay demasiado en juego

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Esto sucedió hace unos años, pero creo que la lección nunca pasará de moda. 

Mi hija había llegado de la escuela con varios libros de la biblioteca, pero el que traía en la mano enseguida llamó mi atención. Supongo que fuera en parte ese “sexto sentido” que dicen que tenemos nosotras las mujeres, especialmente las madres. 


El libro era sobre animales pero algo me parecía sospechoso. Para no dilatar la historia, luego de leer la contraportada y buscar un poco de información, mis sospechas quedaron corroboradas pues la autora es parte de un llamado movimiento espiritual que no compartimos.

Por supuesto, ahí mismo llegaron las quejas de mi primogénita que entonces tenía 7 años: “qué tiene de malo el libro”, “yo me lo quiero leer”, “son solos osos”, etc., etc. Y ahí mismo también tuve que pedirle a Dios sabiduría, en una oración más rápida que la luz, y darle una explicación.

Le dije que nuestra mente es como un saco, y nosotros tenemos que ser muy cuidadosos con lo que vamos a echar en él.…

Una mujer eficiente

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En 1989 Stephen Covey publicó por primera vez su libro Los 7 habitos de la gente altamente efectiva,que ha vendido más de 25 millones de copias. De esto hace ya 25 años, sin embargo, la gente lo sigue comprando. ¿Por qué? Porque todos queremos lograr el éxito en la vida y para eso necesitamos ser personas efectivas.
Sin embargo, se le atribuye a Albert Einstein haber dicho lo siguiente: Seguir haciendo las cosas de la misma manera y esperar obtener resultados diferentes es locura. Esa es la clave. No basta con desearlo, necesitamos hacer algo al respecto, de manera intencional, cambiar lo que hemos estados haciendo que no nos ha dado resultados.
Una de las cosas que he aprendido acerca de la efectividad es el valor de planificar. Necesitamos una estrategia. Básicamente esto responde a una pregunta, ¿cómo llego de donde estoy a donde quiero estar?
Jesús conversaba un día con sus discípulos (aparece en Lucas 14) y usó esta ilustración: “No comiences sin calcular el costo. Pues, ¿quién co…

Cuando las puertas se cierran

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Hace un tiempo conversaba con una amiga, o más bien “chateaba” y como parte de nuestra conversación me dio un mensaje muy sabio que se ha quedado prendido en mi mente: “Tú solo debes querer aquellas invitaciones que sean divinas”. ¡Cuánta sabiduría en sus palabras!

¿Sabes qué sucede, mi querida lectora? En muchas ocasiones estamos tan enfrascadas en algo o tan deseosas de ver un cierto plan hecho realidad que se nos olvida que las únicas citas, los únicos planes, las únicas invitaciones, etc., que debemos anhelar son aquellos que primero fueron escritos y diseñados por Dios, que tengan origen divino.
Y antes de que pienses que estoy súper espiritualizando la vida, déjame decirte algo: como hija de Dios debo estar convencida de que cada cosa que suceda, o que no suceda en mi vida, está bajo la soberanía de él y por lo tanto, en mi corazón siempre debe haber espacio para decir: No mi voluntad, Padre, sino la tuya. ¡Eso fue lo que nos enseñó Jesús!
Con este mensaje quiero que entendamos qu…

Aún torcida puedes florecer

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Vivir en la Florida tiene sus beneficios, como no tener que luchar con la nieve y poder ir a la playa prácticamente cualquier día del año. Sin embargo, como nada es perfecto en esta Tierra, también tiene sus inconvenientes como la humedad, los mosquitos y poder cultivar muy pocas flores debido al excesivo calor.

De modo que cuando entré ese día al supermercado y vi una hermosa planta llena de botones, enseguida quise ver si podría florecer en casa. Era un jacinto. Esta planta venía en un recipiente peculiar, con las raíces sumergidas en agua. Leí las instrucciones de la etiqueta y vi que, según lo que decía allí, sería muy fácil ver las flores del jacinto en breve. Así que decidí comprarla.
Como a las 48 horas noté que el jacinto se estaba inclinando un poco, y pensé que era el resultado de lo que la ciencia llama fototropismo, cuando las plantas crecen hacia donde está la luz, por lo que viré el recipiente para obligarla a enderezarse un poco. Tal y como decía la etiqueta, las flores …