Calorías vacías

Hace unos días conversaba con una amiga sobre lo que yo le diría a un entrenador personal que quisiera lograr para ponerme en mejor forma física. Hablamos también de lo que dicho entrenador me diría que debo dejar, y para mí lo más difícil sería el pan...especialmente el blanco, ¡me gusta mucho! Pero el pan es el enemigo número uno cuando se trata de eliminar ciertas redondeces.  El pan blanco es considerado por los nutricionistas un alimento de calorías vacías, es decir, calorías que no aportan nada.


Toda esa conversación me llevó a pensar en las calorías vacías que consumimos en la vida, y no precisamente en las que tienen que ver con la nutrición física. 

Pablo el apóstol escribió esto a sus amigos de la iglesia en Corinto: 
"Ustedes dicen: 'Se me permite hacer cualquier cosa', pero no todo les conviene. Dicen: 'Se me permite hacer cualquier cosa', pero no todo trae beneficio" (1 Corintios 10:23)
Esa afirmación puede aplicarse a todas las cosas de nuestra vida. Yo puedo comer tanto pan como desee, pero eso no significa que sea provechoso para mi cuerpo. Es muy probable que no me provoque la muerte, pero no contribuye a una buena forma física.

Igual pasa con otros aspectos de nuestra vida, ¿con qué la llenamos? En nuestras manos está escoger de qué conversaciones participamos. Tenemos la libertad de hablar de lo que queramos, pero eso no significa que todas las conversaciones sean constructivas para mi vida. Puedo leer cualquier libro, pero ponte a pensar, con el poco tiempo que tenemos en este siglo XXI, ¿voy a derrocharlo leyendo algo que no aporte nada a mi desarrollo espiritual y emocional? 

Existen más canales de televisión de los que podemos ver, ¿cuál voy a escoger? ¿Qué programa? En mi horario del día la televisión no tiene mucha cabida pero si le voy a conceder unos minutos, prefiero hacerlo con algo que no sea «calorías vacías». ¿Qué gano con ver programas que llenen mi mente con actitudes negativas, palabras que no me gusta decir, infidelidad matrimonial, etc.? Muchos de estos programas no son lo que catalogaríamos como «completamente malos», pero ¿me aportan algo o me quitan tiempo que pudiera invertir en algo mucho mejor?

Vuelvo al punto por el que empecé. Por mucho que me gusta el pan blanco, tengo que reconocer que no le hace bien a mi cuerpo si quiero estar en forma óptima. Solo me aporta calorías vacías y redondez no deseada justo a la altura del ombligo (creo que ya captas la idea de a qué me refiero, ¿verdad?) Nuestra mente y nuestro espíritu son iguales. Para estar en buena forma necesitan calorías de las buenas, de las que producen energía, salud y bienestar. El mismo Pablo escribió en Filipenses: 
«Concéntrense en todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo bello y todo lo admirable».
¿Qué tal si nos propusiéramos medir todo según esta regla? Sería algo así, por ejemplo: ¿Esta conversación es algo verdadero, honorable, justo, etc.? ¿Este programa de televisión refleja valores verdaderos, honorables, justos, puros…? Y así con todo lo demás.

Todo nos está permitido, pero la belleza de la libertad no es hacer lo que queramos sino saber escoger entre lo bueno y lo malo. Lo que es provechoso y lo que no. Entre calorías vacías y calorías nutritivas. 

Bendiciones,

Wendy 

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