lunes, 1 de mayo de 2017

Cuando ser mamá duele

{Durante algunos días del mes de mayo publicaré artículos especialmente dirigidos a las mamás o futuras mamás. Te animo también a compartirlos con tus amigas. ¡Toda mamá necesita recibir una palabra de aliento!}

Tal vez sea porque los niños están de vacaciones, o porque a veces las hormonas nos ponen más pensativas que de costumbre, pero he estado pensando mucho en mi rol de mamá...y me di cuenta de algo, a veces duele.

Hace unos días tuve que aplicar algo de lo que a menudo hablamos pero que nos cuesta: la disciplina. Y aunque trato de explicar a mis hijos que independientemente de que lo entiendan o no, es para su bien, a mí también me duele. Pero muchas veces lo que nos duele, es necesario. Algo así como las vacunas o las medicinas.




El carácter verdadero no se forma sin disciplina. Quizá esa sea la razón por la cual veamos tanta falta de carácter e integridad en estos tiempos, nadie quiere la disciplina. Unos alegan que crea rebeldía. 

Otros votan por métodos, en su opinión, más pacíficos y convincentes…evidentemente muy poco eficaces dado lo que vemos a nuestro alrededor. ¿El resultado? Una generación que no ha conocido casi disciplina mientras que los observadores, también pacíficos, dicen: “¡Esta juventud está perdida! ¡No respetan a nada ni a nadie!” 

Sin embargo, la palabra de Dios es clara en el tema: “La necedad es parte del corazón juvenil, la vara de ladisciplina la corrige” y “Disciplinar a un niño produce sabiduría, pero un hijosin disciplina avergüenza a su madre".

Y es que disciplinar duele e incluso nos limita. Me explico. En el caso que te mencioné al principio, uno de mis hijos no pudo disfrutar una salida. A mí me dolió ver sus lágrimas, hacer caso omiso a sus súplicas y mantener el “no” rotundo. Implicó limitarme. Yo también me perdí la salida. No compartí con mis amigas. No disfruté la alegría del momento. ¿Ya lo entiendes? Duele y limita.

Sin embargo, el dolor del presente evitará sufrimiento en el futuro. El “no” de ahora forjará en ellos un carácter que sabrá un día la diferencia entre una buena y una mala decisión. Les ayudará a ejercer el control. Se ahorrarán muchas cosas innecesarias…si tan solo yo estoy dispuesta a pasar ahora un poco de dolor e incluso a limitarme.

Elí fue un sacerdote en los tiempos del Antiguo Testamento que no quiso pasar por este dolor. No quiso disciplinar a sus hijos a pesar de la vida que llevaban y de lo mucho que ofendían a Dios. Lo que Dios le dijo a este padre debiera ponernos a pensar: “¿Por qué les das más honor a tus hijos que a mí?” (1 Samuel 2:29).

Dios también disciplina. Lo dice muy claro en su palabra: “porque el Señor disciplina a los que ama”.  Él sabe que la necesitamos y por eso nos dice: “Ninguna disciplina resulta agradable a la hora de recibirla. Al contrario, ¡es dolorosa! Pero después, produce la apacible cosecha de una vida recta para los que han sido entrenados por ella” (Hebreos 12:11, cursivas mías).

Pensemos en eso. Ahora nos resulta doloroso aplicarla, pero producirá una cosecha apacible, una vida recta. Disciplinar nos cuesta, nos duele; hasta me atrevo a decir que muchas veces no nos gusta y preferiríamos no hacerlo y así evitarnos las quejas, las protestas, los llantos, las malas caras y hasta los reproches. Pero bueno, nadie dijo que ser mamá, o papá, sería una tarea fácil…si es que queremos hacerla bien.

Sí, a veces ser mamá duele. De hecho, la tarea empieza con grandes dolores. Pero igual que al pasar el parto respiramos aliviadas y satisfechas, pasar el dolor de la disciplina también nos hará respirar luego, aliviadas y satisfechas.

Ánimo, mamá. Dios diseñó una vida plena y abundante, pero requiere disciplina. Incluso cuando duela.

Bendiciones,


Wendy 

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Publicado originalmente el 25 de junio de 2012.  

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