Mamá, ¿por qué quieres que tu niña ya parezca mujer?

Hace unos días vi una foto que me hizo pensar en lo que ahora es el título de este artículo. Mostraba a una niña muy linda, pero el maquillaje y el vestuario le robaban la belleza de la niñez y evocaban la imagen de una mujer en un cuerpo de menos de 10 años. Seguro has visto muchas fotos así en revistas, en las redes, en las tiendas, en la televisión… ¡incluso lo vemos reflejado en las muñecas!



¿Por qué queremos que nuestras hijas pequeñas parezcan mujeres en miniatura? Mi mamá tenía una frase que para mí se hizo célebre, y cuando la usaba durante mi niñez y juventud no me gustaba mucho, pero ahora la entiendo, ¡y muy bien! Ella me decía: “En la vida no se pueden quemar las etapas”. ¿Qué me quería decir? Lo mismo que dijo el autor de Eclesiastés, solo que en su propia versión: “Hay una temporada para todo, un tiempo para cada actividad bajo el cielo” (Ec 3:1). 

Cuando quemamos las etapas estamos desafiando el proceso de la madurez, y aunque es cierto que las niñas maduran mucho más rápido que los varones, eso no quiere decir que no deban vivir lo que corresponde a cada momento.

Estoy convencida de que parte de la agenda del maligno para esta generación es justo eso, que se quemen las etapas, porque cuando con 12 0 13 años hacemos lo que correspondería 10 años después, desde luego que el comportamiento no será para nada acertado ni maduro. ¡Mucho menos responsable!

Creo que es nuestra obligación como madres educar a nuestras hijas en el modelo bíblico de la mujer, y eso implica dejarles ser niñas, vestirlas como niñas. La pureza del corazón se refleja también en nuestro modo de vestir. Sí, el hábito no hace al monje, pero nuestro vestuario es parte de nuestra identidad.

¿Por qué quieres que tu hija atraiga la atención masculina cuando su mente está muy lejos de poder procesar todo lo que eso implica? Quizá no es la intención de ninguna madre, pero sin querer dejamos que la cultura decida la manera en que criamos a nuestra familia.

En el mundo caído en que vivimos el mal predomina y no podemos ignorarlo. Mamá, no expongas a tu hija. No publiques fotos provocativas, ni con trajes de baño que muestren lo que en realidad tú quisieras que ella conservara solo para el hombre con que un día se casará.  

Sé que estas palabras pueden sonar anticuadas, e incluso alguien pudiera catalogarlas de “legalistas”, pero, ¿sabes? “una persona con un corazón transformado busca la aprobación de Dios, no la de la gente” (Romanos 2:29). Si no enseñamos la pureza a nuestros hijos desde que son niños (y que quede claro que la pureza para Dios aplica tanto a mujeres como a hombres), no podemos esperar que de pronto, en la adolescencia, empiecen a comportarse de una manera diferente, agradable a Dios.

La presión del grupo es grande, no se puede negar; pero nuestros hijos estarán mucho más preparados para enfrentarla si en el hogar hemos inculcado los valores, si les hemos mostrado el porqué de lo que creemos, y sobre todo, si nos ven vivir de acuerdo a ello. No podemos aspirar a tener hijas que reflejen la pureza en el vestir si eso no es lo que han visto en sus mamás.


Somos hijas del Rey de reyes, por adopción a través de Cristo, y la realeza siempre se distingue. Seamos mujeres, madres, que viven dispuestas a marcar la diferencia. Cada etapa tiene su belleza, y en cada etapa podemos afianzar también la pureza a la que hemos sido llamadas tanto a vivir como a enseñar (Tito 2:5).  

¡Esa es la vida que Dios diseñó!

Bendiciones,

Wendy 



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Publicado originalmente el 10 de agosto de 2016. 

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