¡Se vale decir "no"!

“Me encantaría ayudarte, pero de veras no puedo añadir más cosas a mi vida en este momento”.
Esa fue la respuesta que tuve que dar no hace mucho a alguien que me pidió ayuda, quería que fuera parte de un determinado comité.  E hice algo que por muchos años no había podido hacer. Decir “no”.
Supongo que toma  muchas horas de cansancio, estrés, y sobre todo análisis y reflexión para llegar a entender que decir “no” no es pecado ni tampoco el fin del mundo.

Antes de que pienses que es egoísta, cómodo y hasta poco espiritual decir que no, permíteme ahondar un poco más en el tema.


A mí siempre me ha gustado participar en muchas cosas. Creo que es algo intrínseco a mi personalidad. Desde niña ha sido así. Sin embargo, a medida que la vida avanza nuestro nivel de responsabilidad también aumenta y vale mucho que aprendamos el secreto de la gente verdaderamente exitosa: prioridades

Somos responsables de nuestro tiempo. Muchas cosas pueden demandar nuestra atención, pero no todas pueden tener prioridad en nuestra lista. Muchas necesidades pueden reclamar tu tiempo, pero no has sido llamada a suplirlas todas. Lee eso otra vez.

Por alguna razón que todavía no he podido determinar bien, no sé si es cultural, social, un factor de crianza, etc., la tendencia general entre las mujeres es sentirse culpables cuando dicen “no” a una petición para asumir un rol más, participar de otro comité, asumir otro liderazgo, encargarse de cierta tarea, etc.

Libérate de esa carga. Decide, junto con Dios, qué cosas son prioritarias en tu vida y cuáles no. Aunque quizá alguien pueda decirte que tú eres la persona ideal para determinado cargo o ministerio, solo tú y Dios pueden decidirlo.  Y además te digo que si no es algo a lo que Dios te está llamando, él no tiene ningún problema con que digas “no”.  ¡Hasta Jesús tuvo momentos de escoger sus prioridades y decir “no”!

Otro punto importante, Dios no quiere soldados en su ejército que estén a punto de quemarse.  

Moisés fue un gran líder pero su agenda estaba demasiado llena. Qué bendición que tuvo un suegro sabio que le dio un excelente consejo: delega, reparte, dale la oportunidad a otros. La historia puedes leerla en el capítulo 18 de Éxodo. Esto es algo más que debemos aprender. Cuando tenemos una responsabilidad y podemos compartirla con otros, hagámoslo. Desde lo más sencillo como las tareas hogareñas (que a veces creemos que nadie las puede hacer tan bien como nosotras), hasta el ministerio o el trabajo. Delegar es una marca de los buenos líderes. Cuando creemos que solo nosotros podemos hacer bien las cosas, tenemos un problema. Se llama perfeccionismo, muy emparentado con el orgullo. Vigilemos a esta zorra pequeña que lucha por infiltrarse.

Hace poco escuché esto: lo mejor que el diablo hace para que no hagamos lo que realmente Dios quiere que hagamos es mantenernos ocupados. ¡Muy cierto! A veces llenamos tanto nuestras agendas de actividad que no queda espacio para lo verdaderamente importante. El orden de prioridades en la Palabra de Dios es este: Dios, familia y ministerio/iglesia. Cuando ese orden se altera, más atrás vienen los problemas. Busquemos seguir ese orden y hacerlo con equilibrio.

Así que, independientemente de lo que otros digan, ¡se vale decir "no"!

Vivamos como Dios lo diseñó,


Wendy

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