Cuando una puerta no se abre (o lo que me enseñó una libélula)

Era temprano en la mañana, todo en silencio a mi alrededor excepto el goteo del café que colaba para comenzar el día. 

“Tac, tac, tac”, escuché el ruido como de algo que chocaba contra un cristal. “Tac, tac, tac”, se repitió. Salí de la cocina y fui a revisar la puerta de cristal que sale al patio. Ahí estaba la causa del ruido: una libélula que volaba contra la puerta, literalmente. Insistía en seguir su trayectoria a pesar de que una y otra vez se daba contra la enorme masa de cristal.


En ese momento, mientras pensaba en por qué la libélula no desistía al ver que no avanzaba, que el camino no llegaba a ninguna parte y porque de seguro debía dolerle estar golpeándose contra la puerta, pensé en mí…y también en ti. ¡Tantas y tantas veces somos como esa libélula!

Dios nos ha mostrado en su Palabra qué actitudes son las mejores, pero insistimos en aquellas que de momento nos hacen sentir bien (o al menos eso creemos)… Orgullo en lugar de humildad, desesperación y no paciencia, ofensas en vez de palabras amables, castigo y no gracia, etc. Escogemos mal, como la libélula… y después nos duelen los golpes.

Está claro que el Señor en su sabiduría ha decidido cerrar una puerta o simplemente nunca la abre… pero seguimos intentando, queremos seguir volando por ese camino para al final descubrir que dicha puerta no lleva a ninguna parte. Y si en nuestra arrogancia la abrimos de golpe, porque tal vez somos más fuertes que la pequeña libélula… lo que está del otro lado no es lo que pensábamos, no nos hace bien, ¡ni siquiera nos gusta! Todo por insistir en un rumbo, o en una relación, o un proyecto que Dios dejó claro que no era el nuestro porque su plan es mucho mejor.

Sí, a veces mostramos cerebro de libélula, ¿verdad?  Sin embargo, tú y yo fuimos hechas a imagen de Dios, somos el sello de su creación; nos dio la capacidad de tomar decisiones, de analizar las situaciones, de buscar sabiduría. Además nos dio su Palabra y al Espíritu Santo para que nos sirvan de manual de vuelo y capitán. No obstante, seguimos volando “tac, tac, tac”, contra la puerta de cristal.

Mi querida lectora, ¿estás siendo como la libélula? ¿Insistes en volar por una trayectoria que no lleva a ninguna parte, o no es la que Dios tiene para ti? ¿Estás escogiendo actitudes que solo dejan dolor en lugar de aquellas que producen vida porque son las que vienen de nuestro Creador? 

Vivo en un lugar donde en la época de verano las libélulas abundan. Y sé que a veces me comporto como ese insecto volador, lo único que se escucha es “tac, tac, tac”. Así que te garantizo algo, cada vez que vea una libélula, voy a recordar la lección porque no quiero equivocar el rumbo, ni tampoco acabar con moretones innecesarios.

No insistas en "volar contra la puerta" porque no llegarás a ninguna parte y saldrás adolorida. Dios te dio en su Palabra un plan de vuelo perfecto y la guía mediante su Espíritu Santo. Sigue esa trayectoria y llegarás feliz y segura a tu destino.
«Si ustedes oyen hoy su voz,  no endurezcan el corazón como sucedió en la rebelión», Hebreos 3:15. 
Por cierto, cuando ya yo pensaba que la libélula había desistido… “tac, tac, tac”.  ¡No olvidemos la lección!

Bendiciones en tu nueva semana,

Wendy 

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Comentarios

  1. Mi amada hermana Wendy, esta palabra a calado profundo en mi corazón, gracias a Dios por su vida.
    Bendiciones

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  2. Muy oportuno para mí. Dios la continúe bendiciendo.-

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  3. Muy oportuno para mí. Dios la continúe bendiciendo.

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  4. Gracias, eres siempre tan oportuna, abrazos. Sabias palabras

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