¿Por qué Dios no me escucha?

Alguien me preguntó hace unos días, ¿por qué Dios no me escucha en este asunto en particular? Según lo que me contó, en su vida Dios ha respondido de diversas maneras, pero no esto. ¿Te identificas?

Bueno, hablemos del tema. ¿Será realmente que Dios no responde? No hay mejor manera de buscar las respuestas que en la propia Biblia, porque de nada vale lo que nosotros pensemos sobre Dios si no está basado en lo que Él dice de sí mismo.


“Clama a mí, y yo te responderé…”, así comienza Jeremías 33:3.

“Luego llámame cuando tengas problemas, y yo te rescataré, y tú me darás la gloria” (Salmos 50:15).

“El Señor dice: ‘Rescataré a los que me aman; protegeré a los que confían en mi nombre. Cuando me llamen, yo les responderé; estaré con ellos en medio de las dificultades…’” (Salmos 91:14-15a).

Pudiéramos citar muchos otros pasajes, pero creo que estos tres afirman algo claro sobre Dios: Él dice que nos escucha cuando oramos, ¿cierto? Dios no es selectivo en lo que escucha, ni se le escapan ciertas peticiones por estar ocupado en otras. Su omnipresencia le permite estar en todos los lugares a la misma vez, porque es Dios.

Entonces, ¿por qué parece a veces que no nos escucha, por qué algunas oraciones quedan sin respuesta por años, por qué otras parecieran chocar con el techo y caer al suelo?

Mi querida lectora, escuché esto al pastor Greg Laurie es y una verdad que debemos atesorar: “No cambio lo que sé sobre Dios por aquello que no sé”. ¿Qué quieren decir esas palabras en este contexto? Lo que sé es que Dios sí me escucha. Esa es una verdad eterna, ese es el carácter de nuestro Dios.

Ahora bien, Él también me dice esto en Isaías 55:
Mis pensamientos no se parecen en nada a sus pensamientos —dice el Señor—.Y mis caminos están muy por encima de lo que pudieran imaginarse. Pues así como los cielos están más altos que la tierra, así mis caminos están más altos que sus caminos y mis pensamientos, más altos que sus pensamientos.

No hay manera de que la idea que yo tengo acerca de una situación y su determinada solución sea mejor que la que Dios pueda tener. Sus pensamientos y caminos están muy por encima de los nuestros. Él ve más allá, sabe qué es mejor, puede ver el cuadro completo. ¡Pero tenemos que creerlo! Eso es lo que hace que a veces la respuesta de Dios a mi oración sea “no”, o tal vez, “por ahora, no”.

Quizá estás pensando que Jesús dijo que pidiéramos cualquier cosa en su nombre, y el Padre nos la daría. Bueno, si te concretas a ese versículo solamente, estás viéndolo fuera de contexto. ¡Y eso es muy peligroso! No podemos crear toda una doctrina en base a un solo pasaje de la Biblia. Lamentablemente, es demasiado común en estos tiempos. Para entender todo lo que un versículo implica necesitamos verlo en su contexto inmediato, versículos anteriores y posteriores. Luego el capítulo, el libro de la Biblia y por supuesto, la Biblia completa. Dios no se contradice, el mensaje es el mismo desde Génesis hasta Apocalipsis.

Ese versículo es parte de Juan, capítulo 15. Si lees con detenimiento todo el pasaje verás que Jesús está hablando de la obediencia, de permanecer en él; y de cómo esas dos cosas llevan a producir fruto en la vida. No puedo desarrollar todo el tema aquí porque es muy amplio, pero te digo algo: permanecer en Cristo es estar afirmado en su verdad, conocerle íntimamente, y por supuesto, vivir en obediencia. Cuando esas cosas comienzan a caracterizar nuestra vida, nuestras oraciones buscarán estar alineadas con la voluntad del Padre, de modo que buscaremos que sea su plan, y no el nuestro, el que prevalezca.

¿Recuerdas lo que dice Santiago en el capítulo 4? Muchas veces nuestras oraciones son egoístas, solo para obtener lo que queremos por mero placer, o capricho. 

Sí, puedo tener un anhelo muy profundo, pero cuando lo rindo a Dios entiendo que la vida cristiana no es cuestión de deseos cumplidos, en el mero sentido de la frase, sino de conocer al Padre y vivir dentro de su voluntad, para su gloria. 

No me malentiendas, entiendo también que hay oraciones que no tienen nada de egoístas, al menos a los ojos humanos, como las que hacemos por sanidad o por la salvación de una persona. 

Amiga lectora, Dios sí te escucha, pero su respuesta no tiene que ser necesariamente la que tú estás esperando. Confiar en el Señor es entender que Él sí responde, porque lo dice en su Palabra. De manera que cuando te veas tentada a pensar “Dios se olvidó de mí”, no cambies lo que es verdad por lo que no sabes. 
“Y cuando tomó el rollo, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero. Cada uno tenía un arpa y llevaba copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones del pueblo de Dios” (Apocalipsis 5:8, cursivas de la autora).


Ninguna oración se pierde ni es ignorada, Dios las tiene muy bien guardadas. Descansa en su amor por ti y confía en su plan. 

Bendiciones en tu nueva semana,

Wendy 

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Comentarios

  1. Amén...es verdad todas nuestras oraciones están con el..y el sabe...

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