Porque todas queremos una vida radiante... ¡y es posible!

Esto lo escribí en un momento difícil de mi vida, cuando nada parecía ir bien y los desafíos venían por todos los flancos de la batalla diaria. PERO, como sucede siempre con esas etapas, Dios tenía algo que enseñarme, y pensé que tal vez hoy pudiera hablarte a ti, y porque estamos a punto de comenzar un nuevo año. ¡Te invito a leer!



En los últimos meses mi vida ha estado llena de desafíos, a todos los niveles: familiar, personal, en el ministerio, a nivel profesional. Los desafíos tienen diversas formas, colores, complejidad. Algunos me han puesto en el punto donde lo único que he podido hacer es confiar plenamente en Dios, y nada más; incluso cuando el miedo lucha por tomar el control mientras un taxi me lleva a un destino que no conozco en una ciudad altamente peligrosa y mi único recurso es decir: “Dios, tú sabes lo que haces y mi vida está en tus manos”. 

Los desafíos son buenos, aunque no nos gusten. Los desafíos nos sacan de nuestra zona de comodidad y nos obligan a dar saltos que de otro modo ni siquiera hubiéramos considerado. (Haz clic para seguir leyendo.... ¡gracias!)

Bendiciones,

Wendy

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