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Mostrando las entradas de marzo, 2018

Aunque el viernes sea oscuro…

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Muchas veces la vida parece un viernes oscuro, como aquel de hace más de dos mil años. 

Para algunas personas, la oscuridad viene en forma de lágrimas de remordimiento, como pasó con Pedro. El peso de sus palabras le aplastaba y la amargura le nublaba la vista. 

Para otros, el viernes llega cuando las consecuencias de las acciones no se hacen esperar, y terminan en manos de la justicia humana, como aquellos dos ladrones.


Aun en otros casos el viernes llega cuando, en lugar de estar celebrando, solo pueden mirar consternados y desesperanzados. Como todas aquellas mujeres que habían acompañado a Jesús durante su ministerio y ahora no podían celebrar la pascua porque el verdadero Cordero colgaba de un madero y sus vidas, aparentemente, habían perdido todo el rumbo.
Y en muchos casos el viernes es sinónimo de final. Esperanzas enterradas, sueños sepultados, relaciones acabadas, fin de la vida.
¿Estás viviendo un “viernes”? ¿Estás quizá como Pedro, llorando por remordimiento, aplastada por el p…

¿Y si hubiéramos estado en la "última cena"?

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La última cena: subtítulo de un pasaje bíblico, nombre de cuadros famosos, representada en más de una película. Pero más que nada, un momento real en la historia, real y determinante. Varias personas fueron parte de este memorable suceso. Y si tú y yo hubiéramos estado presentes, ¿a quién nos pareceríamos?





Hay alguien cuyo nombre no se menciona pero es clave en este relato. El dueño de la casa. Es evidente que conocía al Maestro porque con la sola mención de su nombre, abriría las puertas de aquella habitación para que Jesús y sus discípulos se reunieran para comer juntos aquella cena especial. ¿Te has puesto a pensar que aquel hombre no cuestionó  nada? De hecho, ¡ya  estaba preparado!
Quiero parecerme a él. Que la sola mención del nombre de Jesús me haga abrir las puertas mi corazón que tantas veces quiero cerrar. Que al escuchar Jesús rinda todos mis planes, agendas, y esté preparada. Que cuando el Maestro llame yo siempre responda ¡aquí estoy, lista! No creas que porque escribo un b…

¿Y si la vida no sonríe? (Una meditación para semana santa)

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¿Cómo viviríamos nosotros si supiéramos que es nuestra última semana en este hermoso planeta azul al que llamamos Tierra? No importa cuánto avance la ciencia, los médicos pueden dar un pronóstico de vida, pero nada más. Solo Dios sabe la medida de nuestros días. Pero Jesús sí supo que aquella sería su última semana. Una semana que viviría con una mezcla de agonía, propósito, obediencia y amor.

Más de dos mil años después, ahora estamos viviendo esa misma semana en nuestro calendario. Y fue un domingo como el de ayer que el Salvador entró por fin a Jerusalén para cumplir con la misión que lo había traído del cielo perfecto al planeta caído. La voz se corrió por la ciudad y la gente salió a recibir a aquel de quien se decía que hacía milagros tales que hasta resucitaba muertos. Emocionados, esto fue lo que hicieron:
…tomaron hojas de las palmas y salieron a recibirle, y gritaban: ¡Hosanna! Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel.». (Juan 12:13, LBLA)
Cuando Jesús llegó…

Para cuando te toca enfrentar a un gigante

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Lo más parecido a un gigante que yo haya visto fue en un museo de los Récord Guinness cerca de las cataratas del Niágara en Canadá. El hombre medía 2.72 m (8 ft 11.1 in). Realmente impresionante. Me senté en una silla que le construyeron una vez ¡y me sentí como pulgarcita, la del cuento de niños! Fuera de eso, no me he encontrado con ningún gigante en la vida real, al menos no de carne y hueso.

Sin embargo, en la vida muchas veces batallamos con lo que nuestra mente y corazón fácilmente describirían como un aterrador gigante. Ese gigante puede tomar muchas formas diferentes. Para algunos puede ser un desafío físico con el que nacieron o resultó por causa de un accidente, por ejemplo. Para otros el gigante puede ser el temor, ya sea infundado o no. En otros casos el gigante puede ser una situación familiar, quizá un divorcio, un hijo que abandonó el hogar, una muerte repentina. También puede tomar el color rojo, por finanzas en negativo. ¡Y muchas cosas más!
¿Cuál es el gigante que es…

La prisión que me atrapó durante mucho, y cómo pude ser libre

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¡Quiero ser libre!

Esto fue lo que escribí en mi diario hace unos años: “La trampa de la aprobación es uno de los lugares donde más detesto estar. Sin embargo, ¡lo visito tan a menudo! Pero hoy oré pidiéndole a Dios que así como él hace muchas cosas nuevas en mi vida y en las vidas de todos los que le buscan, que haga nuevo esto en mí y pueda librarme de esa esclavitud. ¡Quiero ser libre!

No sé si alguna vez has tenido esa lucha. Cuando el reconocimiento de los demás es tan importante que si no lo escuchas, crees que nos ha hecho bien las cosas, que no eres suficiente, que no eres importante para ellos. Si tu lenguaje de amor (o uno de ellos) son las palabras de afirmación, como en mi caso, esto puede convertirse en un problema grande. Recibir el apoyo verbal de otros, su aprobación, es crucial para aquellos que tenemos este lenguaje de amor, pero también nos puede esclavizar.
He hablado mucho con Dios al respecto y a veces llegué a pensar que no había solución, que es una de esas cosa…

Cuando la soledad es demasiado real

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Tengo que confesarlo, la muchacha no me simpatizaba mucho. Para mí ella era la intrusa, la que llegó para echar a perder lo que pudo ser una vida casi perfecta. La que destruyó la familia. Una extraña que luego se mostró un tanto orgullosa. Y para colmo su hijo sería el precursor de un conflicto que no se acaba.
Así la veía yo, y no me simpatizaba. Quizá porque algunas de esas cosas me recordaban mi propia infancia.

Un día leí un libro que cambió toda mi perspectiva y por fin pude entenderlo mejor todo. Y hasta llegar a simpatizar con “la intrusa”.
¿Su nombre? Unos dicen que significa “extraña” y otros “que vuela”. Después de todo, ambas cosas le vienen bien Agar, ese es su nombre; y su historia la puedes leer en el libro de Génesis 16.
Hoy te estoy hablando de ella porque Agar, esta “intrusa” extraña que salió volando de la casa donde vivía como esclava de Sara, experimentó un precioso nombre de Dios. Nombre que por cierto solo se menciona esta vez en la Biblia: El Roí.
Agar, en realidad…