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Mi relación con Dios en un mundo digital

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Vivimos en la era digital, no hay marcha atrás, y como casi todo en la vida, tiene sus ventajas y desventajas. 

Ya parece imposible concebir un mundo sin Google, sin redes sociales, o sin tiendas digitales donde todo está al alcance de un clic. Y la llegada de los teléfonos inteligentes ha hecho realidad algo que hace apenas 10 años era pura ciencia ficción. Tenemos, en la palma de la mano, una pequeña computadora que nos sirve de GPS, nos permite pagar las cuentas, hacer llamadas, tomar fotos y editarlas, elaborar documentos, nos recomienda restaurantes, nos indica el estado del tiempo, y mucho más.

Sin embargo, la era digital también se nos ha convertido en un estorbo, por decirlo de alguna manera, en la manera en que nos relacionamos con Dios. Y de eso quiero hablarte hoy. No voy a extenderme mucho, solo quiero presentarte algunos puntos y dejarlos ahí para que medites en ellos y determines si esto pudiera estar sucediendo en tu vida. 
Problema no. 1: Nuestra falta de familiarización …

Cuando amar es difícil

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Amar pudiera parecer fácil, siempre y cuando la persona a quien amemos sea de nuestro agrado, nos trate bien, se preocupe por nosotros, nos brinde su apoyo. Dicho con menos palabras, cuando corresponda a nuestro amor. El reto viene cuando se trata de amar a alguien que nos resulta difícil, porque es todo lo opuesto a lo anterior.

Creo que de las cosas que el Señor demanda de nosotros la más difícil es amar a los demás. ¡Piénsalo! En la vida tenemos muchas personas fáciles de amar, pero igual tenemos una buena cantidad de aquellas que, si nos dieran la opción, preferiríamos evitar. Seamos honestas. Sin embargo, Dios nunca pedirá de nosotros nada que no podamos hacer, y amar no es la excepción. Claro, no sin que nos cueste.
Entonces, ¿cómo amar cuando es difícil? Este espacio no me permite escribir todas las maneras, pero hoy voy a compartir contigo una que encontré en la carta de Pablo a los Colosenses y que, tal vez, hemos pasado por alto.
Estos creyentes de Colosas amaban de una maner…

El problema con el microondas

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Soy de una generación que creció sin hornos de microondas. No, no soy de la época de los dinosaurios, pero los microondas llegaron a Cuba muchos años después de que existieran en otras partes del mundo, por razones ya sabidas. De modo que para calentar un vaso de leche o recalentar la comida del día anterior, lo hacíamos a la antigua. Y, por lo tanto, demoraba más.

También soy de la generación que conoció la internet por conexión de “dial-up”, esa que hacía un montón de sonidos que llegabas a memorizar e identificar: tono, marcando, ¡se conectó! Y si alguien descolgaba el teléfono, ¡pum, perdías la conexión! Había que empezar de nuevo, ¡y cómo demoraba!
Además, crecí sin restaurantes de comida rápida, por la razón ya mencionada en el primer párrafo. En mi país todo implicaba una “cola” o fila, muchas veces de horas, para adquirir lo más mínimo. ¡Mucha demora! La primera vez que vi un establecimiento con “drive-thru” fue cuando salí del país por primera vez. ¡Increíble que todo pudiera…

¿Qué quiere Dios de mí?

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A menudo resulta más fácil pensar en todo lo que queremos de Dios para nuestras necesidades. Y también nos resulta más fácil pensar en lo que pudiéramos darle con nuestro servicio, uso de los dones y talentos que nos ha regalado. Sin embargo, hoy quiero invitarte a reflexionar en una pregunta diferente, ¿qué quiere Dios de mí, de ti? Aunque no pueda escuchar las respuestas de cada lectora que recorra con sus ojos este artículo, sé que serán varias; algunas similares, otras diferentes. De modo que la mejor manera de responder a esta pregunta es yendo a la fuente de las respuestas cuando de Dios se trata: la Biblia.

Hace unos días leía Efesios, uno de mis libros favoritos en toda la Escritura, y fue allí donde encontré la respuesta en la me quiero enfocar hoy. Lee conmigo Efesios 1:4.
“Incluso antes de haber hecho el mundo, Dios nos amó y nos eligió en Cristo para que seamos santos e intachables a sus ojos”.
Es fascinante saber que antes de haber hecho el mundo, ya Dios nos amaba. Las qu…