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Diez maneras de orar por tu matrimonio

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El matrimonio es la más hermosa de las relaciones humanas, y también la más compleja. Piénsalo. Dos personas completamente diferentes deciden unir sus vidas, compartir todo tipo de experiencias, construir un futuro como familia. 
Pero son dos personas pecadoras, imperfectas, con sus propios equipajes de cosas que fueron recolectando por el camino. Actitudes, hábitos, pensamientos, temores, dudas, prioridades. Lo que para uno de los parece ser muy importante, para el otro no lo es. Los conceptos de cosas tan sencillas como el orden de la casa pueden ser tan diferentes como el agua y el aceite. Y a todo eso súmale que se trata de un hombre y una mujer, ¡qué seres tan distintos!

Sin darnos cuentas muchas veces llegamos al matrimonio con una agenda escondida. ¿Cuál? La de cambiar a la otra persona. Nos lo proponemos y luchamos a brazo partido por lograrlo. En la mayoría de los casos terminamos frustradas y hasta resentidas porque no vemos el resultado esperado.
Hoy quisiera proponerte un mét…

¡Me rindo!

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Rendir. Hace un tiempo el Señor enfocó mi mirada en esa palabra.

Rendirse es contrario a todo lo que nuestra naturaleza humana desea hacer. Es contrario a lo que el mundo nos enseña y ofrece. Y por nuestra rendición hay una batalla que se libra en lugares celestes, a nivel espiritual, donde el enemigo usa sus armas más eficaces para que nos rindamos, sí, pero a su agenda y no a los planes de Dios.
No me es fácil rendirme, te lo confieso. Y no creo que lo sea para muchos, seamos honestas. El ADN cargado de pecado con que llegamos a este mundo codifica que queramos hacer las cosas a nuestra manera, decir lo que se nos antoja y mirar las cosas tras el lente del orgullo humano. Es una lucha muy antigua, algo que no es exclusivo de gente común y corriente como yo, y quizá como tú. Hasta los grandes de la fe, como el apóstol Pablo, experimentaron esta batalla.
Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa no existe nada bueno. Quiero hacer lo que es correcto, pero no puedo. Quiero h…

¿Qué me pongo hoy?

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Debido a la naturaleza de mi trabajo, no tengo que preocuparme mucho por la ropa que voy a ponerme cada día, ya que la mayor parte del tiempo esto en casa, a menos que tenga una cita o un evento al que asistir.


Sí, realmente tiene sus ventajas, pero sé que para una gran mayoría el reto es diferente. Muchas mujeres se levantan por la mañana y tienen que escoger ropa para ir a trabajar. Ropa que esté acorde al código que exige su empleador o su negocio. De cualquier manera, ya sea que nos quedemos en casa o que salgamos a trabajar, siempre tenemos que escoger algo con qué vestirnos.
Y en eso quiero que reflexionemos hoy, pues quizá cada mañana te paras frente a tu clóset o armario, y te haces la proverbial pregunta: «¿qué me pongo hoy?», a la cual seguro respondes con la también consabida respuesta: «no tengo nada que ponerme», independientemente de cuánta ropa haya en ese clóset o armario… pero eso es tema para otro día, ¿verdad? Sin embargo, quiero que pienses en esa pregunta de una ma…

No soy esa mujer...

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Yo no soy esa mujer. No soy la mujer que quiero ser...¡todavía!

No soy la esposa perfecta; no siempre digo lo que debiera decir y a veces digo lo que no debiera. No siempre recibo a mi esposo con los brazos abiertos cuando llega del trabajo o después... pero sé que Dios está haciendo su obra en mí, poco a poco, para llevarme a esa meta. Mientras, amo a mi esposo, con mis imperfecciones y todo. Y cada día le agradezco a Dios por el privilegio de amanecer a su lado y sentir sus brazos a mi alrededor.
No soy esa mujer que nunca regaña acalorada a sus hijos ni que nunca pelea porque hay desorden,  pero cada día le pido a Dios sabiduría para aprender a sellar mis labios y ser paciente porque yo también tengo mis propios “regueros” en la vida y sin embargo, nadie me pelea, mucho menos Dios.
No soy la amiga perfecta. A veces me equivoco, me siento herida sin motivos reales o por tonterías... pero busco ser una amiga con la que otros puedan contar.
No soy esa mujer que destila sabiduría en cada d…