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Tres cosas que debemos enseñar a nuestras hijas

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Si hay algo difícil es criar hijos. No traen un manual, cada uno es diferente y la tarea una vez que comienza, nunca termina. Realmente es un reto; lo bueno es que cuando conocemos a Dios sabemos que no hay desafío que tengamos que enfrentar solas, Él siempre estará a nuestro lado.

Antes de seguir, permíteme contarte que soy una mamá en formación, todavía mis hijos son menores de edad y me queda mucho por transitar y aprender. No obstante, quisiera compartir contigo tres cosas que a lo largo del camino ya recorrido, un poco más de 16 años, he entendido que debemos enseñar a nuestras hijas en las distintas etapas.
Tu mente es una bolsa y tú decides que guardar en ella. Con la mente sucede igual que con el cuerpo, si le damos comida saludable, tendremos un cuerpo saludable; si alimentamos nuestra mente con cosas edificantes y agradables a Dios, será eso lo que obtendremos. Es la clásica ley de la siembra y la cosecha. Somos responsables de cómo usamos nuestro tiempo, ¿por qué desaprovec…

¡No te compares!

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Ella fue una de las pocas mujeres que recibieron el título de profetisa; de hecho, es la primera que tuvo el honor. En ella, el don profético se manifestó mediante poesía acompañada de canto, como en los tiempos de David y Samuel. Su nombre podría significar amargura, rebelión, pero en la Escritura se la conoce como Miriam o María, la hermana de Moisés. La misma que veló por él cuando, siendo un bebé, tuvieron que colocarlo en una canasta en las aguas del Nilo. 

De acuerdo al relato bíblico, no tenemos mención de que se casara ni tampoco de un esposo, por lo que podemos pensar que ella fue una mujer soltera. Esto era algo muy poco común para una época en la que el único valor que la mujer tenía, a nivel social, estaba en tener una familia y criar hijos. ¡En verdad que la Biblia es un libro increíble! Sí, porque si pensaste por un momento que Dios no tiene espacio para las solteras, a partir de hoy ya puedes cambiar tu perspectiva.

Miriam fue una mujer que se dedicó al servicio de Dios a…

Por si hoy te sientes sin esperanza

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Hay situaciones de la vida que nos llevan a pensar: ¿hasta cuándo, Dios? ¿Cuánto más tengo que esperar? ¿Cuándo saldré de este hoyo? Parece que así se sentía el autor de Salmos 119 cuando escribió: 

Esperando tu salvación se me va la vida.
En tu palabra he puesto mi esperanza.
82 Mis ojos se consumen esperando tu promesa, y digo: «¿Cuándo vendrás a consolarme?»
(vv. 81 y 82).  

La clave está en la frase que está negritas: a pesar de su cansancio y angustia, tenía esperanza en la palabra dada por Dios.  Lee los versículos que siguen: 
Tu palabra, Señor, es eterna, y está firme en los cielos. Tu fidelidad permanece para siempre; estableciste la tierra, y quedó firme. Todo subsiste hoy, conforme a tus decretos, porque todo está a tu servicio. Si tu ley no fuera mi regocijo, la aflicción habría acabado conmigo. Jamás me olvidaré de tus preceptos, pues con ellos me has dado vida. (89-93)

Cuando las circunstancias que vivimos no son agradables ni siquiera llevaderas, tenemos que escoger dónde pone…

Para cuando la carga se hace muy pesada

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Ana, su nombre pudiera traducirse como gracia o favor, o llena de gracia y favor; otra posibilidad es «el que da». El dilema de esta mujer fue el de muchas otras. Si no estás muy familiarizada con su historia, la puedes encontrar en el capítulo uno de 1 Samuel.

Permíteme preguntarte algo, ¿tienes algún deseo no cumplido en tu corazón?

Ana quería tener hijos, pero su anhelo no se hacía realidad. Y aunque en cualquier siglo esto puede ser causa de tristeza, en su caso era mayor porque el valor de una mujer descansaba grandemente en los hijos que tuviera. Pero quiero invitarte a mirar más allá, porque la vida nos presenta retos diferentes a cada una.
Puede que el tuyo sea similar al de Ana. Tal vez no, tal vez tienes hijos, pero los ves alejarse de Dios. Quizá tu dilema está en la soltería, o en la falta de trabajo. A lo mejor estás luchando porque quieres servir a Dios de una manera en particular, convencida de su llamado, pero las puertas todavía no se abren. Puede que tu desafío esté …