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¿Cómo está tu corazón hoy?

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Con toda honestidad, ¿cuál sería el regalo, la experiencia, que pudiera hacerte completamente feliz hoy?

Tal vez respondiste con vacaciones en el lugar con que tanto has soñado. Quizá con una casa nueva o remodelada que imite una página de Pinterest. A lo mejor fue un matrimonio ideal. 

¿Te ha pasado alguna vez que luego de unas vacaciones te sientes medio deprimida porque ya se acabó? A mí sí. En mi corazón había gratitud a Dios, pero también un poco de nostalgia. ¿Sabes por qué? Porque las vacaciones, por muy fenomenales que sean, se acaban. ¿Y la decoración de la casa? Aunque hoy esté preciosa, te garantizo que cuando pase un tiempo la vas a querer cambiar, primero porque las mujeres parecemos tener un gen que dice que hay que estar cambiando: de peinado, de zapatos, de color de cabello, de decoración… ¡espero que no de esposo! Y, principalmente, porque la verdadera satisfacción tampoco está en eso.
Ahora, más de 20 siglos después, estas palabras de Jesús a otra mujer, una que también…

Involucrándome en la vida de mi adolescente

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Recuerdo las muchas ocasiones en que le dije a mi esposo que me aterrorizaba pensar en la adolescencia de nuestros hijos. Yo fantaseaba con pasar de los 12 años a los 20, sin escala. Supongo que en gran parte se debía a las historias que escuchaba y veía a nuestro alrededor. También le puedo sumar mis propios recuerdos y las cosas de aquellos años que hoy, si tuviera la oportunidad, cambiaría. Pero, ya que el tiempo no se detiene y los hijos inevitablemente crecen, ¡llegamos a la adolescencia!



Creo que antes de seguir debo dejar claro algo: todavía estamos viviendo esa etapa. Así que no puedo hablar como alguien que ya se graduó con lauros en la escuela de la crianza de los hijos ni tampoco como el que desaprobó los exámenes. Estoy en el medio del curso y es desde ese lugar que hoy escribo.
Quiero confesarte que, a pesar de los desafíos y de los temores que mencionaba, estoy disfrutando esta temporada en la vida de mi hija. Si tuviera que evaluarlo, diría que me es más fácil ser mamá d…

Diez maneras de orar por tu matrimonio

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El matrimonio es la más hermosa de las relaciones humanas, y también la más compleja. Piénsalo. Dos personas completamente diferentes deciden unir sus vidas, compartir todo tipo de experiencias, construir un futuro como familia. 
Pero son dos personas pecadoras, imperfectas, con sus propios equipajes de cosas que fueron recolectando por el camino. Actitudes, hábitos, pensamientos, temores, dudas, prioridades. Lo que para uno de los parece ser muy importante, para el otro no lo es. Los conceptos de cosas tan sencillas como el orden de la casa pueden ser tan diferentes como el agua y el aceite. Y a todo eso súmale que se trata de un hombre y una mujer, ¡qué seres tan distintos!

Sin darnos cuentas muchas veces llegamos al matrimonio con una agenda escondida. ¿Cuál? La de cambiar a la otra persona. Nos lo proponemos y luchamos a brazo partido por lograrlo. En la mayoría de los casos terminamos frustradas y hasta resentidas porque no vemos el resultado esperado.
Hoy quisiera proponerte un mét…

¡Me rindo!

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Rendir. Hace un tiempo el Señor enfocó mi mirada en esa palabra.

Rendirse es contrario a todo lo que nuestra naturaleza humana desea hacer. Es contrario a lo que el mundo nos enseña y ofrece. Y por nuestra rendición hay una batalla que se libra en lugares celestes, a nivel espiritual, donde el enemigo usa sus armas más eficaces para que nos rindamos, sí, pero a su agenda y no a los planes de Dios.
No me es fácil rendirme, te lo confieso. Y no creo que lo sea para muchos, seamos honestas. El ADN cargado de pecado con que llegamos a este mundo codifica que queramos hacer las cosas a nuestra manera, decir lo que se nos antoja y mirar las cosas tras el lente del orgullo humano. Es una lucha muy antigua, algo que no es exclusivo de gente común y corriente como yo, y quizá como tú. Hasta los grandes de la fe, como el apóstol Pablo, experimentaron esta batalla.
Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa no existe nada bueno. Quiero hacer lo que es correcto, pero no puedo. Quiero h…