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Mostrando las entradas de julio, 2018

El problema con el microondas

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Soy de una generación que creció sin hornos de microondas. No, no soy de la época de los dinosaurios, pero los microondas llegaron a Cuba muchos años después de que existieran en otras partes del mundo, por razones ya sabidas. De modo que para calentar un vaso de leche o recalentar la comida del día anterior, lo hacíamos a la antigua. Y, por lo tanto, demoraba más.

También soy de la generación que conoció la internet por conexión de “dial-up”, esa que hacía un montón de sonidos que llegabas a memorizar e identificar: tono, marcando, ¡se conectó! Y si alguien descolgaba el teléfono, ¡pum, perdías la conexión! Había que empezar de nuevo, ¡y cómo demoraba!
Además, crecí sin restaurantes de comida rápida, por la razón ya mencionada en el primer párrafo. En mi país todo implicaba una “cola” o fila, muchas veces de horas, para adquirir lo más mínimo. ¡Mucha demora! La primera vez que vi un establecimiento con “drive-thru” fue cuando salí del país por primera vez. ¡Increíble que todo pudiera…

¿Qué quiere Dios de mí?

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A menudo resulta más fácil pensar en todo lo que queremos de Dios para nuestras necesidades. Y también nos resulta más fácil pensar en lo que pudiéramos darle con nuestro servicio, uso de los dones y talentos que nos ha regalado. Sin embargo, hoy quiero invitarte a reflexionar en una pregunta diferente, ¿qué quiere Dios de mí, de ti? Aunque no pueda escuchar las respuestas de cada lectora que recorra con sus ojos este artículo, sé que serán varias; algunas similares, otras diferentes. De modo que la mejor manera de responder a esta pregunta es yendo a la fuente de las respuestas cuando de Dios se trata: la Biblia.

Hace unos días leía Efesios, uno de mis libros favoritos en toda la Escritura, y fue allí donde encontré la respuesta en la me quiero enfocar hoy. Lee conmigo Efesios 1:4.
“Incluso antes de haber hecho el mundo, Dios nos amó y nos eligió en Cristo para que seamos santos e intachables a sus ojos”.
Es fascinante saber que antes de haber hecho el mundo, ya Dios nos amaba. Las qu…

Por si llevas tiempo esperando, y necesitas aliento

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No nos gusta esperar. Eso creo que ha quedado establecido claramente en nuestra cultura, no importa dónde vivamos. En una u otra medida preferimos, si podemos, evitar la espera. Pero el otro día, mientras leía un pasaje muy conocido de la Biblia, saltaron a mi vista dos cosas que Dios nos dice para los tiempos de espera. 

El pasaje en cuestión es Salmos 27:14. “Espera al Señor; esfuérzate y aliéntese tu corazón. Sí, espera al Señor.”
Este es un salmo de David, alguien que vivió de primera mano la experiencia de tener que esperar en Dios. A veces se nos olvida que entre el momento en que Samuel lo ungió como próximo rey de Israel y su llegada oficial a ese puesto, pasaron años. No días, no meses, ¡años! Aproximadamente 15 años. En ese lapso le tocó seguir lidiando con hermanos que lo menospreciaban, pastoreando ovejas, huir como fugitivo víctima de los celos de Saúl, y muchas otras cosas más.
Me pregunto cuántas veces batalló porque su corazón se desanimaba ante la espera que no termina…