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Mostrando las entradas de septiembre, 2018

Para cuando nos sentimos abrumadas y queremos descansar

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“Y él [Dios] dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso” Éxodo 33:14, RV 1960.
Es parte de una conversación entre Moisés y Dios. ¡Qué maravilloso debe haber sido escuchar esas palabras en vivo! Sin embargo, están registradas en la Biblia para que tú y yo las recordemos hoy, muchos siglos después.

Fue una promesa de Dios a Moisés quien estaba un poco atribulado por la responsabilidad que tenía por delante, dudaba de si podría hacerlo o no. Moisés sentía temor, y lo único que calmaría su temor, tal y como lo dice en esta conversación, sería la garantía de la presencia de Dios junto a él. Y Dios se lo promete.
Pero no solo le promete su presencia, su compañía sino que conforme a su naturaleza de bondad, que siempre da más de lo que pedimos o entendemos, le añade una frase que fue la que me dejó pensando a mí: te daré descanso.
¿Acaso no es eso lo que muchas veces anhelamos tú y yo? Descanso. Descanso no solo físico. Descanso de las preocupaciones, descanso de los temores, descanso…

Dios, la oración y el corazón

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Sigo recorriendo la Biblia en un año y, aunque todavía no sé si la terminaré antes del 31 de diciembre, estoy disfrutando mucho esta trayectoria y tomando el tiempo necesario, sin dejar que la fecha sea lo más importante. Lo bueno de tener una meta es que nos ayuda a mantenernos enfocadas y que, al llegar al final, tenemos esa agradable sensación de haber terminado. Pero en este caso, no es bueno dejar que la meta se convierta en la prioridad. La prioridad es que la Palabra de Dios haga lo que tiene que hacer en nuestro corazón.

Así que ahora mismo estoy en el libro de Nehemías y, aunque ya casi lo termino, no quería dejar de compartir contigo algo que cautivó mi atención en el capítulo 1. Aquellos que hemos emigrado nos identificamos con Nehemías por varias razones.
Nehemías, cuyo nombre no pudiera ser más acertado —Jehová tiene compasión—, había nacido en el exilio. Jerusalén era la tierra de sus antepasados, sin embargo, la amaba apasionadamente. De modo que cuando recibió noticias…

Celebrar no es solo para días especiales

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Cuando era niña me encantaba revisar el aparador en casa de mi abuela. Allí ella guardaba las vajillas, los cubiertos y todas las cosas lindas para los días especiales. Eran dos vajillas inglesas, una con adornos azules y la otra con adornos rojos. Ambas estaban destinadas para mi prima y para mí, para que cuando creciéramos tuviéramos una vajilla linda cada una. Eran un recuerdo de familia.


Cuando me casé, mi abuela me regaló la vajilla. Seis años después nos fuimos del país y la vajilla quedó atrás. Aquí tengo ahora dos o tres piezas, como recuerdo de mis abuelos y también de mi infancia. Viviendo en Cuba la usé en algunas ocasiones. Siempre me ha gustado poner una mesa linda, con todos los detalles. Herencia de mi abuela y de mi mamá.

Hoy después de almorzar, mientras me preparaba un té, pensé cómo a veces guardamos las cosas solo para los momentos "especiales" de la vida. Y es verdad que hay momentos así, que meritan cosas especiales; pero como lo indica su nombre, por se…