Jesús, peregrinos, presidentes, y el "Día de Acción de Gracias"

Esta es la semana en que oficialmente celebraremos el “Día de Acción de Gracias” en los Estados Unidos. Una celebración que, aunque históricamente tiene sus orígenes en este país, se ha propagado a otros. ¡Lo cual me parece maravilloso!

Si viajamos un poco en el tiempo encontraremos que desde el comienzo el propósito fue simplemente agradecer a Dios por su bondad y fidelidad luego de una próspera cosecha. Aquellos peregrinos que llegaron a Norteamérica en busca de libertad religiosa reconocieron la mano de Dios y a Él le dieron gloria.


Más adelante en 1789, George Washington, el primer presidente de los Estados Unidos, proclamó lo siguiente:

“Considerando que es deber de todas las naciones reconocer la providencia de Dios Todopoderoso…
Ahora, por lo tanto, recomiendo y asigno el jueves 26 de noviembre próximo a ser dedicado por el pueblo de estos Estados al servicio de ese Ser grande y glorioso, que es el Autor benéfico de todo el bien que fue, que es o que será…

Y también para que podamos unirnos con humildad y ofrecer nuestras oraciones y súplicas al gran Señor y Gobernador de las naciones y rogarle que perdone nuestras transgresiones nacionales y de otro tipo.”1

Posteriormente, el presidente Lincoln instituyó la celebración de manera anual. La intención siempre fue dar gratitud y gloria a Dios. Lamentablemente, a medida que el país se ha ido secularizando, la celebración se ha comercializado y para algunos es simplemente “el día del pavo”.

Tanto los peregrinos como Washington y Lincoln entendieron que “toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago 1:17).

Jesús lo entendió también, y en eso quiero que nos enfoquemos hoy. Nuestro Señor nos modeló la gratitud y el reconocimiento de la mano de Dios en todo lo bueno que recibimos y disfrutamos.

Ven conmigo al capítulo 6 de Juan y mira lo que encontramos en el conocido pasaje de la alimentación de los cinco mil:
“Luego Jesús tomó los panes, dio gracias a Dios y los distribuyó entre la gente. Después hizo lo mismo con los pescados. Y todos comieron cuanto quisieron.” (v. 11)
Jesús, Dios hecho hombre, también dio gracias al Padre. Y este episodio se repite varias veces durante su ministerio terrenal. ¿Por qué? Primero, por lo que ya leímos en Santiago. Segundo, porque en su condición de hombre él se rindió por completo, se humilló y adoptó nuestro lugar. Y nuestro lugar siempre tiene que reconocer la mano bondadosa de Dios, que “de gracia hemos recibido”.

En Mateo 11: 29 Jesús nos dijo: “aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón”. Un corazón humilde es un corazón agradecido. Y recordemos que la humildad es una actitud no una condición económica. Jesús lo tenía todo, era Dios mismo, pero nos modeló humildad y gratitud.

He estado pensando mucho en eso últimamente. Si realmente queremos ser como Él, estas dos cosas tienen que caracterizarnos: la mansedumbre y la humildad. Dice la Real Academia que humildad es la “virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento”. 

Cuando reconozco cuán limitada soy, y estoy, y cuán débil es mi naturaleza humana, no puedo más que dar gracias a Dios, ¡constantemente! Creer que nuestros logros son porque somos buenos, o muy capaces, o que nos los hemos “ganado” de alguna manera, es pecado, el pecado de la arrogancia. En cambio, cuando vivimos reconociendo su bondad, su fidelidad, su misericordia, su gracia, estaremos cada vez dando un paso más hacia la meta final: ser como Cristo, humildes de corazón.

Te invito a reflexionar en todo esto, a compartirlo incluso con tus amigos y familiares. El “Día de Acción de Gracias” no es meramente una reunión para comer rico, ¡es mucho más! En realidad, no importa el menú ni todo lo que podamos añadir, aunque no hay nada de malo en servir algo delicioso y preparado con esmero y belleza. Lo que no podemos perder de vista es la razón por la cual nos estamos reuniendo y a quién estamos celebrando.

Cuando esa noche “partamos el pan y lo distribuyamos”, hagámoslo con gratitud y alabanza al Padre. Y claro está, vivamos así cada día, porque esa es la vida que Él diseñó.

“Por eso, de la manera que recibieron a Cristo Jesús como Señor, vivan ahora en él, arraigados y edificados en él, confirmados en la fe como se les enseñó, y llenos de gratitud” (Colosenses 2:6-7, énfasis de la autora).

¡Feliz Día de Acción de Gracias!

Wendy

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1 Tomado de Answers in Genesis, accedio en noviembre de 2018, traducido por la autora. https://answersingenesis.org/holidays/happy-thanksgiving/

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Comentarios

  1. Mi querida Wendy! yo doy GRACIAS a Dios por tu vida y el ministerio que te ha encomendado, bendices nuestras vidas, gracias por compartir y hacernos reflexionar en que debemos parecernos a Jesús y tener siempre una actitud de agradecimiento.

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    1. Muchas gracias por tus palabras. ¡Gloria sea a Dios! Bendiciones.

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