Tres verdades alentadoras para tu vida cotidiana


Escoger un libro de la Biblia como favorito me resulta difícil, pero si tuviera que hacer una lista, el libro de Josué estaría en ella sin dudas. Josué fue uno de los mejores líderes con los que contó el pueblo de Israel. Por supuesto que con sus propias imperfecciones y pecados, porque ahí estamos todos de este lado de la eternidad. Sin embargo, creo que nos dejó un legado digno de explorar.  


Al comienzo del libro encontramos este pasaje: 
“Nadie podrá hacerte frente mientras vivas. Pues yo estaré contigo como estuve con Moisés. No te fallaré ni te abandonaré. Sé fuerte y valiente, porque tú serás quien guíe a este pueblo para que tome posesión de toda la tierra que juré a sus antepasados que les daría. Sé fuerte y muy valiente.” (Josué 1:5-7a)

En esos versículos Dios le da a Josué una promesa, una misión y un mandato. Sin olvidar el contexto, la conquista de la tierra que Dios prometió a su pueblo Israel y todo lo que eso encierra para ellos en particular, veamos qué podemos traer a nuestra vida hoy. 

¿Cuál fue la promesa? Cuentas conmigo, Josué.
¿En qué consistía la misión? Serás el líder de este pueblo en su conquista.
¿Qué le ordenó Dios? Sé fuerte y valiente.

Verdad no. 1: Dios va de general y compañero de lucha en nuestras batallas.

¿Qué tal si lo llevamos ahora a nuestra vida, a tu vida y la mía como esposas, madres, siervas de Dios, amigas?  Tú y yo también tenemos la Palabra de Dios y promesas de su parte. En particular también tenemos la promesa de Jesús de no dejarnos solas (léelo en Mateo 28:20). De manera que, sea cual sea la situación en la que estemos hoy, permíteme escribirlo con letras grandes: NO ESTAMOS SOLAS.  Quizá estás lejos de la familia, quizá tu esposo se marchó, tal vez tu nido está vacío, pero (y voy con mayúsculas de nuevo), TÚ NO ESTÁS SOLA. Recuerda que el corazón muchas veces nos engaña. Las emociones nos hacen sentir que nos aplasta una inmensa soledad, en ocasiones incluso rodeadas de personas. Pero Jesús nos dejó esta promesa para que la recordemos y la vivamos. Para esos momentos en que la soledad parezca muy real y abrumadora, busca el rostro del Señor en oración y acude a su Palabra. Su Palabra es una fuente de consuelo y fortaleza como nada más. ¡Y en nosotras habita su Espíritu! 

Verdad no. 2. Josué recibió una misión, ser el líder de Israel. En la promesa Dios le garantizó a Josué que no lo haría solo, pero en la misión le recuerda que tiene un papel que desempeñar. 

Tú y yo tenemos nuestras propias misiones. Algunas similares, otras diferentes. Pero igual Dios ha puesto en nuestras manos tareas con las que debemos cumplir. ¿Y sabes? Cada una de nosotras tiene una misión que nadie más podrá enfrentar. Tus hijos son parte de tu misión. Nadie puede desempeñarla como tú. Si eres casada, tu esposo también es en cierto modo tu misión, él necesita de ti como su ayuda. 

Los dones y talentos que Dios te ha dado son para emplearlos en la misión que Dios te encomiende. Las misiones de Dios no son solo para los pastores, los misioneros o los que tengan algún título o cargo. Cada una de nosotras ha sido llamada a servir a Dios en la trinchera del hogar, en la iglesia a la que pertenecemos y en la comunidad en la que vivimos. 

Algo que hizo grande el liderazgo de Josué fue la decisión de que él y su casa servirían al Señor. Abrazó la misión y no miró atrás. Jesús fue el líder por excelencia, una vez que comenzó su misión, no vaciló, a pesar del alto precio. Y ahora nosotras estamos llamadas a seguirle e imitarle. Ya tenemos la misión. Miremos hacia arriba, no hacia atrás.

Verdad no. 3. El mandato que Dios tenía para Josué, también lo tiene para mí y para ti: “sé fuerte y valiente”. Al final de su primera carta a los corintios, Pablo exhorta a los creyentes de esta manera: "Manténganse alerta; permanezcan firmes en la fe; sean valientes y fuertes" (1 Cor. 16:13). De manera que, ya tenemos la garantía de la presencia de Dios, sabemos que tenemos una misión (o varias) que cumplir, y ahora se nos dice, parafraseando, “que nos ajustemos bien la falda”. 

Criar hijos es una tarea para valientes, por ejemplo. Hay ocasiones en las que me he preguntado si realmente tengo lo que se necesita para ser mamá. Entonces el Señor me recuerda que fue él quien me dio la tarea, me toca a mí ser valiente y esforzarme para hacerla bien, como él quiere y depender de su gracia y sabiduría. 

Ser una esposa como Dios lo diseñó también requiere valentía porque en este siglo lo que nos rodea grita todo lo contrario: “divórciate, haz lo que te dicte el corazón, tu felicidad es lo que más importa, etc.”, todas hemos escuchado frases similares. Así que para ir contra esa corriente, hay que ser muy valiente. Pero, el mismo Señor nos dice que el espíritu que él nos ha dado no es de temor sino que es de poder (2 Timoteo 1:7). 

Mi querida lectora, nuestra mirada no está puesta en los personajes bíblicos, sino en Jesús, pero cada una de estas vidas, tan humanas como las nuestras, nos sirven de testimonio, y sus lecciones son para nosotras también. En esas tareas cotidianas, en esas misiones y roles que nos toca desempeñar, recordemos la promesa y marchemos adelante, modelando el carácter de una mujer conforme al diseño de Dios. 

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Bendiciones,

Wendy

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Comentarios

  1. Querida Wendy! gracias por compartir estas tres verdades con nosotras y por recordarnos que NO ESTAMOS SOLAS, Dios siempre habla justo en el momento que lo necesito, Dios te bendiga, un abrazo.

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