Necesitamos entender la gracia, porque es completamente liberador



Gratis. Esa palabra produce normalmente dos reacciones: entusiasmo y sospecha. La primera porque ¿a quién no le gusta recibir algo gratis? La segunda porque por lo general pensamos: ¿cuál es la trampa? En mi país usaban un refrán que decía: “Regalado se murió hace rato”, y eso es lo que casi siempre pensamos cuando alguien nos dice que algo es gratis. ¡No es posible, seguro hay condiciones!

 En Efesios 2 Pablo nos presenta una profunda verdad teológica, a la vez sencilla, pero difícil de asimilar para muchos, incluso cuando no se den cuenta. (Te invito a leer Efesios 2:1-10.)

La salvación es completamente gratis. A ti y a mí no nos cuesta nada. Todo le costó a Dios. Sí, hay algo que tenemos que hacer y es recibirla, pero no podemos ganárnosla. Esa es la verdad que encierran los versículos 5 y 8 del segundo capítulo de Efesios, respaldadas por todo el capítulo claro. Para Dios nuestra fecha de nacimiento verdadera es el día que en recibimos este regalo porque antes de eso, ¡estábamos muertos! (vv. 4 y 6). Ahora vivimos, ¡por la gracia!

Hace un tiempo mi esposo y yo nos dedicamos a explicar a nuestros hijos los conceptos de gracia y misericordia porque ambos juegan un papel increíble en nuestra relación con Dios. Voy a escribirlo tal y como se lo explicamos a ellos.

Misericordia: cuando no recibimos el castigo que realmente merecemos.
Gracia: cuando recibimos algo que no merecemos.

Créeme que los niños captan muy bien la idea porque en nuestro trato con ellos las mostramos muy a menudo. ¡Y lo mismo hace Dios con nosotros!

Todo esto parece muy elemental pero a lo largo de la vida cristiana me he dado cuenta de que muchas veces tratamos nuestra relación con Dios como una especie de canje feudal: yo le doy para que él me dé algo a cambio. ¡Y nada más lejos del corazón de Dios! El amor de Dios y su salvación son completamente incondicionales e independientes de nuestro comportamiento y mucho menos nuestras obras. Nadie puede ganarse el favor de Dios. Mira el versículo 9:

“La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo” (NTV, énfasis de la autora).

Tenemos que entender de una vez y por todas que Dios no nos pide nada a cambio. En realidad, eso abaratara la muerte de Cristo porque el derramamiento de su sangre no tiene precio. Y así tenemos que llegar delante de Dios, conscientes de que estamos allí por gracia. Por eso vivimos en un nuevo pacto que no requiere sacrificios anuales por nuestros pecados, como pasaba con Israel bajo la ley.

¿Sabes cuál es la otra cara de esa moneda? Dios espera que seamos un pueblo de gracia, es decir, que mostremos gracia a otros. Sí, es un reto, una y otra vez batallamos por no hacerlo. Quizá te ayude pensar algo que me ayuda a mí, aunque te confieso que incluso sabiéndolo en ocasiones me resisto: cuando te sea difícil dar gracia a alguien, piensa en la última vez que la recibiste de parte de Dios… casi seguro que fue ayer, ¡o hace unos minutos! 

Lee el versículo 7: "a fin de poder mostrar en los siglos venideros las sobreabundantes riquezas de Su gracia por Su bondad para con nosotros en Cristo Jesús."

Pablo señala que Dios nos usará como recordatorios de su gracia abundante, sí, a nosotras, las mamás que perdemos la paciencia, las esposas que no siempre somos amorosas, las mujeres que decimos mucho más de lo que debiéramos y herimos con las palabras, las que hemos sido envidiosas, mentirosas, todo eso y mucho más… ¡indignas pero convertidas en monumentos de la gracia de Dios!

Nuestro Padre abunda en gracia para contigo. No te azotes con los pecados que no quieres perdonarte. Él ya lo hizo. Perdonó los de ayer, los de hoy y los de mañana. La gracia es aquello que nos garantiza que a pesar de nosotras mismas podemos estar sentadas en los lugares celestiales, unidas a Cristo (v. 6). ¡Qué verdad tan asombrosa! Por eso el Señor le dijo a Pablo que se conformara con sus debilidades porque su gracia sería suficiente para cubrirlas e incluso usarlas. Ese versículo toca muy profundamente el corazón, sobre todo si batallamos con un síndrome terrible al que llamamos perfeccionismo. Las debilidades, las imperfecciones, son un recordatorio constante de que necesitamos de la gracia de Dios así como el cuerpo necesita del aire. Recibe la gracia y quédate en ella. No intentes salirte, ese es el diseño de Dios.

(Este artículo forma parte del libro "Vivir en la luz: un estudio de Efesios", disponible aquí.)

Bendiciones,

Wendy


Acabas de leer "Necesitamos entender la gracia, porque es completamente liberador", ¡te invito a dejar tu comentario!   

Comentarios

  1. Wendy que preciosa estudio, .. sabes desde que Las conoci por Las redes sociales. Dios me permitido tener un mejor entrndimiendo de la palabra de Dios
    Gracias por estar ahi. Dios te bendiga

    ResponderEliminar
  2. Gracias a Dios por ser el Dios justo ,amoroso y misericordioso, bendito sea su nombre, por q por gracia somos salvos.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario