Tres cosas que debemos enseñar a nuestras hijas


Si hay algo difícil es criar hijos. No traen un manual, cada uno es diferente y la tarea una vez que comienza, nunca termina. Realmente es un reto; lo bueno es que cuando conocemos a Dios sabemos que no hay desafío que tengamos que enfrentar solas, Él siempre estará a nuestro lado.


Antes de seguir, permíteme contarte que soy una mamá en formación, todavía mis hijos son menores de edad y me queda mucho por transitar y aprender. No obstante, quisiera compartir contigo tres cosas que a lo largo del camino ya recorrido, un poco más de 16 años, he entendido que debemos enseñar a nuestras hijas en las distintas etapas.

Tu mente es una bolsa y tú decides que guardar en ella. Con la mente sucede igual que con el cuerpo, si le damos comida saludable, tendremos un cuerpo saludable; si alimentamos nuestra mente con cosas edificantes y agradables a Dios, será eso lo que obtendremos. Es la clásica ley de la siembra y la cosecha. Somos responsables de cómo usamos nuestro tiempo, ¿por qué desaprovecharlo en cosas que no valen la pena?  Antes de dedicar una hora, dos, o el tiempo que sea, a llenar tu mente de algo, pregúntate primero: ¿Será para mi bien? ¿Traerá provecho, crecimiento? ¿Honra a Dios lo que estoy viendo, leyendo o escuchando? No podemos olvidar que lo llene nuestra mente, llenará nuestro corazón. Un pasaje para recordar, Proverbios 4:23. 

Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, 
porque de él mana la vida.

Puedes tener muchas amistades, pero escoge amigas íntimas que amen a Dios. Una amiga, alguien a quien puedas contarle tus luchas, dudas, problemas, tiene que ser alguien que pueda darte un consejo de la Palabra, que ore contigo y por ti, que te anime cuando tu fe flaquee. A veces nos apresuramos al escoger las amistades, pero la verdadera amistad requiere tiempo porque con el tiempo se comparten las vivencias y crece la relación. Por otro lado, debemos enseñarles a ser la clase de amiga que quisieran tener. A veces esperamos mucho de las personas sin detenernos a evaluar si esas características se muestran en nosotros. Un pasaje para recordar, Proverbios 13:20. 

El que con sabios anda, sabio se vuelve; 
el que con necios se junta, saldrá mal parado.

Prefiere ser diferente, no popular. Cuando mi hija tenía ocho años llegó un día de la escuela y me preguntó: “Mami, ¿qué quiere decir ser popular?” Lamentablemente la cultura que nos rodea está obsesionada con el concepto y lucha por sembrarlo en las mentes de nuestros niños y jóvenes, a cualquier precio; pero el problema en sí es tan viejo como la humanidad.

La Biblia nos habla de dos hombres, Josué y Caleb; valientes, pero nada populares. Ellos fueron junto con otros diez a explorar una tierra desconocida. El lugar era la estampa de la abundancia y la prosperidad, pero los habitantes de gran estatura y las ciudades fortificadas inspiraron temor a gran parte del grupo. No a Josué ni a Caleb. Ellos exhortaron al pueblo para que se lanzaran a la conquista. Dos contra diez. La minoría contra la mayoría. ¿El resultado? Casi los matan. Si ese día hubieran celebrado un concurso, el premio de ellos sería: "El menos popular". El asunto es que el corazón de ambos estaba enfocado en lo que Dios había dicho y no en la opinión de los demás. 

Cristo es el ejemplo supremo de esta afirmación. Y nos llamó a vivir así. Los discípulos, su familia, y hasta los religiosos de la época esperaban que él actuara de cierta manera, pero claramente les repetía una y otra vez que su misión era cumplir la voluntad del Padre, no ganarse su aprobación.

Leí esto en una ocasión, no recuerdo el autor: Los que se atreven nunca son mayoría. Necesitamos enseñar a nuestras hijas que no se dejen engañar por la falsa imagen de satisfacción que viene con la palabra "popular". Nuestra identidad está en quién somos en Cristo, gracias a su obra salvadora.  Un pasaje para recordar, 1 Juan 2:15-17. 

No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. 
Mamá, es urgente que tú y yo decidamos instruir a nuestras hijas en la verdad de Dios, la que nos revela en Su Palabra, y ser intencionales al sembrar en ellas. El resultado no está garantizado, pero descansamos en nuestro Padre y su perfecto plan. Y no lo olvides, tu identidad tampoco está en tus hijos. Cristo es nuestra identidad. Así que hacemos nuestra tarea pero esta no define quién somos.
Bendiciones,
Wendy 
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Comentarios

  1. Excelente reflexión, como todas las que nos regalas Wendy. De las 3 cosas que debemos enseñar a nuestras hijas, creo que he cumplido con dos de ellas. Ahora voy a trabajar en la que me falta. Solo tengo una hija y dos varones. Creo que también se aplica a ellos, aunque ellos casi no acostumbran a tener amigos íntimos, pero las otras dos enseñanzas también las he practicado en mis hijos varones. A que guarden su corazón y su mente; y a que sean íntegros, diferentes mas que populares. Gracias por compartir con nosotras los tesoros que Dios te muestra cada día. Oro para que tu ministerio se mantenga y sea cada vez más próspero. Bendiciones!

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  2. Gracias Wendy! Sin duda nuestra tarea como madres no termina, gracias por estos sabios consejos, Dios nos guíe con sabiduría en esta hermosa carrera.

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  3. Muchas gracias Wendy, estaré compartiendo tu publicación que es de gran bendición para mi vida, Dios te bendiga.

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